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NORMAL 4

La escuela como lugar de Memoria

En el período entre 1978 y 1982, el Normal 4 se convirtió en un escenario cargado de historias personales y colectivas atravesadas por los contextos del Mundial del ‘78 y la Guerra de Malvinas. Para comprender por qué la escuela puede ser considerada un lugar de memoria, recurrimos al concepto propuesto por el historiador francés Pierre Nora. Para él un “lugar de memoria” es un espacio físico, simbólico o inmaterial donde la memoria colectiva de una sociedad queda cristalizada. Nora desarrolla este concepto para analizar cómo las sociedades modernas recuerdan y organizan su relación con el pasado.

Una de las principales características de estos espacios es su relación con la historia, porque intentan preservar aspectos de la memoria en un contexto que la historia suele analizar, despersonalizar y archivar. Un lugar de memoria surge cuando un grupo identifica ciertos sitios, objetos, ritos o conceptos como elementos representativos de su identidad histórica. Fundamentalmente por esta característica planteamos a nuestra escuela secundaria como un lugar de memoria.

Luces y sombras de la Escuela.jpg

Ilustración - Ignacio Bechara

Las escuelas no son solo espacios donde se construye conocimiento; son también escenarios donde se cruzan historias personales y colectivas, convirtiéndose en auténticos "lugares de memoria". En cada aula resuenan ecos del pasado: las voces de estudiantes y docentes que vivieron momentos de dictaduras, crisis económicas o avances sociales; las canciones patrias en los actos escolares; y las historias compartidas en recreos y pasillos que reflejan el espíritu de una época.

Un ejemplo de esto es cómo los estudiantes que transitaron su educación secundaria durante el Mundial de Fútbol de 1978 narran sus experiencias. Mientras el país celebraba los goles en las calles, algunos recuerdan las clases interrumpidas por cortes de luz o el temor a las desapariciones que ocurrían fuera de los muros escolares. 

De manera similar, quienes estudiaban durante la Guerra de Malvinas vivieron tensiones específicas como escuchar los comunicados oficiales en los actos escolares mientras las familias enfrentaban la falta de información, el dolor por los soldados caídos o la manipulación política de las narrativas patrias.

Sin embargo, para muchas de nosotras, la escuela fue mucho más que el contexto histórico que la atravesaba. Fue un lugar de contención y encuentro, donde, a pesar de las incertidumbres externas, las amistades, los recreos y el compañerismo nos ofrecían un refugio. Entre los pupitres y las charlas en el patio, encontramos apoyo en nuestras compañeras quienes compartían nuestras experiencias cotidianas. 

Las anécdotas más simples –como cuando imitábamos a algunas profesoras, nos rateábamos, la emoción del viaje de egresados, etc.– permanecen como memorias luminosas que complementan aquellas más desafiantes.

Este trabajo de recolección y análisis no solo rescata las memorias individuales y colectivas, sino que también revalida el papel de la escuela como un espacio donde las experiencias cotidianas se entrecruzan con los grandes procesos históricos. 

Hoy, al revisar y resignificar estas historias, no solo recuperamos el pasado, sino que lo mantenemos vivo. Nosotras, ex estudiantes del Normal 4, somos quienes transmitimos esa memoria, asegurándonos de que no quede atrapada en los recuerdos individuales, sino que se comparta y dialogue con las nuevas generaciones. La memoria del Normal 4 es un testimonio de cómo los espacios que habitamos y las experiencias que vivimos se transforman en historias esenciales para entender quiénes fuimos y quiénes somos hoy.

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